No dejo nunca de sorprenderme, y sospecho que en el futuro seguirá habiendo motivos para seguir sorprendiéndome, al leer noticias en las cuales las empresas se echan las manos a la cabeza al no entender como un producto casi procedente de otra galaxia no triunfa en el mercado. Hoy con respecto a esto, por fin leo algo sensato, máxime viniendo de quien viene: Microsoft: Los jugadores no quieren Blu-ray.

Después del machaque que ha habido entre los formatos HD-DVD (Toshiba) y Blu-Ray (Sony), parece que el vencedor es el que parecía vencido, en este caso Toshiba al retirarse de la competición ( Toshiba se retira de la competición por la Alta Definición ), parece que fue el más inteligente.

De hecho esta aventura del Blu-Ray le está saliendo cara a Sony, y clara muestra de ello son las ventas cada vez menores de la consola que en su momento fue reina de las consolas, la PlayStation, que en su tercera versión incluye un lector Blu-Ray (al mismo tiempo que incluye un precio considerablemente más elevado que el de sus competidores), está suponiendo un dolor de cabeza más que otra cosa para Sony, la empresa fabricante.

Un personal lectura rápida de lo ocurrido con la PS3, es lo que podiamos denominar el efecto “Aquí mando yo, hágase”, consistente en creerse en la cima del mundo y poseedor poderes sobrehumanos, de manera que “El César” (en el papel de los usuarios) tendrá que aceptar lo que yo diga. Y esto, lamentablemente para estas empresas, y por fortuna para los consumidores, no siempre es así.

Algún otro ejemplo de este tipo de productos “metidos en el mercado a capón” es el propio Windows Vista y todo el despliegue de sistema para protección de derechos digitales (DRM), que como ya está desmostrado y aceptado por Microsoft, no es en ventas lo que se esperaba. ¿ Alguien se preguntó si el usuario final pedía tener DRM (entre otras bondades) hasta en la sopa ? Me temo que no, y en esta ocasión con el caso de la Xbox, parece que han aprendido a “escuchar” … ¿ Será así en el futuro ?

Lo dicho: Dale al César (los consumidores, emperadores del mercado), lo que el César pide.

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